Lección 8 para el sábado 23 de agosto (Uno De Estos Mis Hermanos Más Pequeños)

Lección 8 para el sábado 23  de agosto

Uno De Estos Mis Hermanos Más Pequeños

 

Lee para el estudio de esta semana

Mateo 5:2-16, 38-48; Romanos 12:20, 21; Lucas 16:19-31; 12:13-21; Mateo 25:31-46.
Para memorizar
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mat. 25:40).
Después de ver que Jesús vivía preocupándose por los demás, especialmente por los que sufrían y estaban perdidos, es de esperar que Jesús también tenga mucho que decir acerca del cuidado de los demás. Y efectivamente así es.
La enseñanza de Jesús es práctica. Se centra en lo que significa vivir como seguidor de Dios. Podemos ver que Jesús nos insta a actuar con justicia, bondad y misericordia, así como él mismo lo hizo mientras estuvo aquí en la Tierra. Si seguimos su ejemplo, serviremos a los demás como él lo hizo.
Jesús también habló del Reino de los cielos. En la descripción de Jesús, el Reino de los cielos es una realidad de la que podemos formar parte, incluso ahora. Es una forma de vida que funciona con un conjunto de prioridades, valores y principios morales diferentes de los que se encuentran en los reinos terrenales. Las enseñanzas de Jesús establecen el mapa para este Reino, que incluye un fuerte énfasis en cómo servimos a Dios y cómo debemos relacionarnos con los demás. También descubrimos que servir a los demás es una forma en la que podemos ofrecer un servicio directo a Dios.


Comentarios Elena G.W

Algunos de los fariseos habían venido a Jesús y le habían preguntado “cuándo había de venir el reino de Dios”. Habían pasado más de tres años desde que Juan el Bautista diera el mensaje que a manera de toque de trompeta había repercutido por el país: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado” [Mateo 3:2]. Y sin embargo los fariseos no veían señal alguna del establecimiento del reino. Muchos de aquellos que habían rechazado a Juan y que a cada paso se habían opuesto a Jesús, estaban insinuando que su misión había fracasado.
Jesús contestó: “El reino de Dios no vendrá con advertencia [manifestación exterior, V.M.] ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está”. El reino de Dios principia en el corazón. No busquéis aquí o allí manifestaciones de poder terrenal que señalen su comienzo (El Deseado de todas las gentes, p. 467).
La verdad, tal como se encuentra en Jesús, no solo hace mucho en favor del que la recibe, sino de los que entran en la esfera de su influencia. El alma verdaderamente convertida es iluminada desde lo alto y Cristo llega a ser dentro de esa alma “una fuente de agua que salte para vida eterna”… No toma en cuenta la comodidad presente; no tiene ambición de hacer alarde de nada; no busca la alabanza de los hombres. Su esperanza está en los cielos, y marcha siempre adelante, con su mirada fija en Jesús. Hace el bien porque es bueno hacerlo y porque solo los que lo hacen tendrán entrada en el reino de Dios. Es bueno y humilde y se preocupa para que los demás sean felices. Nunca dice: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9), sino que ama a su prójimo como a sí mismo. Su manera de ser nunca es brusca ni dictatorial, como la de los que no creen en Dios, sino que refleja la luz del cielo sobre los hombres. Es un leal y valeroso soldado de la cruz de Cristo que sostiene en alto la palabra de vida (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 537).
Un alma salvada en el reino de Dios es de más valor que todas las riquezas terrenales. Somos responsables ante Dios por las almas de aquellos con quienes nos relacionamos, y cuanto más estrechas nuestras relaciones con nuestros semejantes, mayor es nuestra responsabilidad. Somos una gran hermandad, y el bienestar de nuestros semejantes debe ser nuestro gran interés. No tenemos un momento que perder. Si hemos sido descuidados en esta materia, es harto tiempo de que ahora con todo fervor redimamos el tiempo, no sea que la sangre de las almas se encuentre sobre nuestros vestidos. Como hijos de Dios, ninguno de nosotros está eximido de tomar parte en la gran obra de Cristo para la salvación de nuestros semejantes.
Será una tarea difícil la de vencer el prejuicio y convencer a los no creyentes de que nuestros esfuerzos por ayudarlos son desinteresados. Pero esto no debe impedir nuestra labor. No hay precepto en la Palabra de Dios que nos ordene hacer bien solamente a aquellos que aprecian nuestros esfuerzos y responden a ellos, o que nos pida que beneficiemos solamente a los que nos agradezcan por ello. Dios nos ha enviado a trabajar en su viña. Nuestra tarea es hacer todo lo que podemos (Notas biográficas de Elena G. de White,_ _p. 228).
DOMINGO, AGOSTO 18

El Sermón Del Monte

El sermón (o conjunto de enseñanzas) más largo de Jesús es el Sermón del Monte. Su informe de la vida en el Reino de Dios, que abarca tres capítulos, comienza con una declaración de valores que se ha dado a conocer como las Bienaventuranzas.
Lee Mateo 5:2 al 16. ¿Cuáles son las características comunes de estos nueve valores o tipos de personas descritas por Jesús como “bienaventurados”?
Junto con la profunda aplicación espiritual de estas palabras, no debemos pasar por alto la lectura práctica de ellas. Jesús hablaba de reconocer la pobreza en nosotros mismos y en nuestro mundo. También habló de la justicia, la humildad, la misericordia, la paz y la pureza de corazón. Deberíamos tomar nota de la diferencia práctica que estas cualidades marcarán en nuestra vida y en nuestro mundo al vivirlas. Esta lectura práctica se destaca en las siguientes declaraciones de Jesús, en las que instó a sus discípulos a ser sal y luz en el mundo (Mat. 5:13-16).
Cuando se usan apropiadamente, la sal y la luz marcan la diferencia en los contextos en los que se agregan. La sal resalta los sabores y conserva los alimentos a los que se agrega; es un símbolo del bien que debemos ser para los que nos rodean. Asimismo, la luz hace retroceder la oscuridad, lo que revela obstáculos y peligros, hace que una casa o ciudad sea más segura y proporciona un punto de navegación, incluso a cierta distancia. Como una luz en una noche oscura, Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16).
Ambos símbolos, la sal y la luz, indican la responsabilidad que tienen los discípulos de influir en la vida de quienes los rodean y mejorarla. Somos sal y luz cuando lloramos en forma apropiada, cuando somos puros de corazón, practicamos la humildad, mostramos misericordia, hacemos la paz y soportamos la opresión. Es así que Jesús inicia este sermón con el llamado a plasmar estos “valores subestimados” de su Reino.
¿En qué medida tu iglesia funciona como sal y luz en tu comunidad? ¿En qué sentido tu comunidad es un lugar mejor porque tu iglesia trabaja allí? Por otro lado, si la iglesia se disolviera, ¿qué diferencia habría en la comunidad?


Comentarios Elena G.W

Las bienaventuranzas constituyeron [el] saludo [de Cristo] para toda la familia humana. Al contemplar la vasta multitud reunida para escuchar el Sermón del Monte, pareció olvidar por el momento que no se hallaba en el cielo, y usó el saludo familiar del mundo de la luz. De sus labios brotaron bendiciones como de un manantial por largo tiempo obstruido.
Apartándose de los ambiciosos y engreídos favoritos de este mundo, declaró que serían bendecidos los que, aunque fuera grande su necesidad, recibiesen su luz y su amor. Tendió sus brazos a los pobres en espíritu, afligidos, perseguidos, diciendo: “Venid a mí… y yo os haré descansar” [Mateo 11:28].
En cada ser humano percibía posibilidades infinitas. Veía a los hombres según podrían ser transfigurados por su gracia, en “la luz de Jehová nuestro Dios”. [Salmo 90:17] Al mirarlos con esperanza, inspiraba esperanza. Al saludarlos con confianza, inspiraba confianza. Al revelar en sí mismo el verdadero ideal del hombre, despertaba el deseo y la fe de obtenerlo. En su presencia, las almas despreciadas y caídas se percataban de que aún eran seres humanos, y anhelaban demostrar que eran dignas de su consideración. En más de un corazón que parecía muerto a todas las cosas santas, se despertaron nuevos impulsos. A más de un desesperado se presentó la posibilidad de una nueva vida. (La educación, pp. 79, 80).
No es la voluntad de Dios que nos aislemos del mundo. Pero mientras estemos en el mundo debemos santificarnos a Dios. No debemos copiar al mundo. Debemos vivir en el mundo como una influencia correctora, como la sal que retiene su sabor. Entre una generación impía, impura e idólatra, debemos ser puros y santos, y demostrar que la gracia de Cristo tiene poder para restaurar en el ser humano la semejanza divina. Debemos ejercer una influencia salvadora para el mundo.
“Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. 1 Juan 5:4… Cristo dijo a sus seguidores: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:16 (Consejos sobre la salud, pp. 593, 594).
El reino de Dios no viene con manifestaciones externas. Viene mediante la dulzura de la inspiración de su Palabra, la obra interior de su Espíritu, y la comunión del alma con Aquel que es su vida. La mayor demostración de su poder se advierte en la naturaleza humana llevada a la perfección del carácter de Cristo.
Los discípulos de Cristo han de ser la luz del mundo, pero Dios no les pide que hagan esfuerzo alguno para brillar. No aprueba los intentos llenos de satisfacción propia para ostentar una bondad superior. Desea que las almas sean impregnadas de los principios del cielo, pues entonces, al relacionarse con el mundo, manifestarán la luz que hay en ellos. Su inquebrantable fidelidad en cada acto de la vida será un medio de iluminación (Ministerio de curación, p. 23).
LUNES, AGOSTO 19

Vencer Con El Bien El Mal

Cuando consideramos las enseñanzas de Jesús, es conveniente tener en cuenta a quiénes les hablaba y las circunstancias en las que estos vivían. Jesús había comenzado a atraer a grandes multitudes de las regiones donde había servido (ver Mat. 4:25; 5:1). La mayoría era gente común, que vivía bajo el gobierno autoritario del Imperio Romano, pero algunos eran gobernantes judíos y dirigentes religiosos. La vida de la gente común era difícil. Tenían pocas opciones para vivir, eran agobiados por los impuestos elevados y sobrecargados por la tradición religiosa.
Al enseñarles, Jesús obviamente estaba interesado en ofrecerles una manera de vivir bien, de vivir con dignidad y valor, sin importar las circunstancias. Un ejemplo de esto se encuentra en Mateo 5:38 al 48. En español, estas instrucciones (“poner la otra mejilla”, “si te quitan la camisa, dales también la capa” y “hacer la segunda milla”) son frases típicas. Pero esta familiaridad disimula los hechos y las actitudes radicales que Jesús trata de enseñar aquí.
Los casos que Jesús describió eran experiencias comunes para muchos de sus oyentes. A menudo eran atacados violentamente por sus “superiores” o amos. Muchas veces se endeudaban y perdían sus propiedades ante los propietarios y prestamistas. Con frecuencia los soldados romanos de ocupación los obligaban a hacer trabajos forzados. Jesús les enseñó a responder con integridad, a tratar a los opresores mejor de lo que merecían y, con ello, a resistirse a perder su humanidad. Mientras estos opresores intentaban ejercer su poder, la gente siempre tenía la libertad de elegir cómo responderían y, al resistirse de manera no violenta y responder generosamente, exponían el mal de la opresión y la injusticia que se estaba cometiendo.
Compara Mateo 5:38 al 48 con Romanos 12:20 y 21. ¿Cómo pondremos en práctica estos principios radicales en nuestra vida?
Jesús resumió toda “la ley y los profetas” (todos los escritos sagrados que describimos como el Antiguo Testamento) en un principio sencillo que se conoce como la Regla de Oro: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mat. 7:12). ¿De qué manera, ahora mismo, puedes hacer un esfuerzo para hacer lo que él nos manda, sin importar el costo?


Comentarios Elena G.W

Cada día aumentaba en el corazón del pueblo el anhelo de libertarse del yugo romano. Especialmente entre los osados y bruscos galileos, cundía el espíritu de rebelión. Por ser Capernaum una ciudad fronteriza, era la base de una guarnición romana, y aun mientras Jesús enseñaba, una compañía de soldados romanos que se hallaba a la vista recordó a sus oyentes cuán amarga era la humillación de Israel. El pueblo miraba ansiosamente a Cristo, esperando que él fuese quien humillaría el orgullo de Roma.
Miró Jesús con tristeza los rostros vueltos hacia él. Notó el espíritu de venganza que había dejado su impresión maligna sobre ellos, y reconoció con cuánta amargura el pueblo ansiaba poder para aplastar a sus opresores. Tristemente, les aconsejó: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra” (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 61, 62).
Cristo presentó a los hombres algo que era completamente contrario a las representaciones del enemigo referentes al carácter de Dios, y procuró inculcar a los hombres el amor de su Padre, quien de tal manera amó al mundo, “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Instó a los hombres a reconocer la necesidad de la oración, el arrepentimiento, la confesión y el abandono del pecado. Les enseñó a ser honrados, tolerantes, misericordiosos y compasivos, recomendándoles amar no solo a quienes los amaban, sino a los que los odiaban y los trataban despectivamente. En todo esto estaba revelándoles el carácter del Padre, quien es longánime, misericordioso, lento para la ira y lleno de bondad y verdad (Consejos para los maestros, p. 30).
Representemos diariamente el gran amor de Cristo amando a nuestros enemigos como Cristo los amó. Si reveláramos de esa forma la gracia de Cristo, se quebrantarían fuertes sentimientos de odio y en muchos corazones surgiría el amor genuino. Se verían muchas más conversiones de las que ocurren ahora. Es cierto, nos costaría algo hacerlo. Si los ministros que predican la Palabra y los que ocupan puestos prominentes… consideraran como su deber especial practicar las enseñanzas de la Palabra en su vida diaria, colocándose bajo la disciplina de los requerimientos de Cristo y trabajando bajo su autoridad, su conducta consecuente guiaría a muchos a liberarse del servicio satánico y a ocupar su lugar bajo el estandarte teñido de sangre del Príncipe Emanuel (El ministerio médico, p. 336).
Si os dicen palabras violentas, no repliquéis jamás con el mismo espíritu. Recordad que “la blanda respuesta quita la ira”. Proverbios 15:1. Y hay un poder maravilloso en el silencio. A veces las palabras que se le dicen al que está enfadado no sirven sino para exasperarlo. Pero pronto se desvanece el enojo contestado con el silencio, con espíritu cariñoso y paciente.
Bajo la granizada de palabras punzantes de acre censura, mantened vuestro espíritu firme en la Palabra de Dios. Atesoren vuestro espíritu y vuestro corazón las promesas de Dios. Si se os trata mal o si se os censura sin motivo, en vez de replicar con enojo, repetíos las preciosas promesas: “No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal”. Romanos 12:21 (Ministerio de curación, pp. 386, 387).
MARTES, AGOSTO 20

El Buen Samaritano

Lee Lucas 10:25 al 27. El intérprete de la ley que interrogó a Jesús ofreció un resumen tradicional de los Mandamientos del Antiguo Testamento para llevar una vida aceptable ante Dios. ¿Qué relación tienen estos dos mandamientos?
Cuando lo interrogaban, Jesús a menudo concluía sus respuestas con un resultado muy diferente al que buscaba el interlocutor. En relación a la instrucción de Levítico 19:18, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, parece que muchos de los religiosos de su época dedicaban mucho tiempo y energía debatiendo la extensión y los límites de este principio del “prójimo”.
Jesús ya había tratado que sus seguidores ampliaran la comprensión de este término, instándolos no solo a amar a su prójimo, sino también a hacer el bien a todos: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mat. 5:44, 45).
Cuando un experto en derecho religioso intentó probar a Jesús, recurrió a la pregunta tan discutida: “¿Y quién es mi prójimo?” (Luc. 10:29). En respuesta, Jesús relató la historia del buen samaritano, pero su respuesta concluyente a la pregunta no definió la terminología de “prójimo”. De hecho, Jesús dijo: “Ve y sé prójimo de cualquiera que necesite tu ayuda” (ver Luc. 10:36, 37).
Lee Lucas 10:30 al 37. ¿Cuál es la importancia del contraste que hace Jesús entre los tres personajes que ven al hombre que necesita su ayuda al costado del camino?
Como era común en las enseñanzas de Jesús, sus críticas más severas estaba dirigidas a quienes pretendían ser religiosos, pero mostraban poca preocupación por el sufrimiento de los demás. “En la historia del buen samaritano Cristo ilustra la naturaleza de la verdadera religión. Muestra que ésta no consiste en sistemas, credos o ritos, sino en la ejecución de actos de amor, en hacer el mayor bien a otros, en la bondad genuina” (DTG 460).
En su enseñanza, Jesús señala a un forastero, alguien considerado infiel a Dios, para demostrar cuál es el llamado de Dios a todos los que dicen ser sus seguidores. Al igual que sus primeros oyentes, cuando nos acercamos a Jesús para preguntarnos qué debemos hacer para heredar la vida eterna, en definitiva nos instruye a ir y ser el prójimo de cualquier persona necesitada.


Comentarios Elena G.W

Entre los judíos la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” causaba interminables disputas. No tenían dudas con respecto a los paganos y los samaritanos. Estos eran extranjeros y enemigos. ¿Pero dónde debía hacerse la distinción entre el pueblo de su propia nación y entre las diferentes clases de la sociedad? ¿A quién debía el sacerdote, el rabino, el anciano considerar como su prójimo? Ellos gastaban su vida en una serie de ceremonias para hacerse puros. Enseñaban que el contacto con la multitud ignorante y descuidada causaría impureza, que exigiría un arduo trabajo quitar. ¿Debían considerar a los “impuros” como sus prójimos?
Cristo contestó esta pregunta en la parábola del buen samaritano. Mostró que nuestro prójimo no significa una persona de la misma iglesia o la misma fe a la cual pertenecemos. No tiene que ver con la raza, el color o la distinción de clase. Nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda. Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo el que pertenece a Dios (El ministerio de bondad, pp. 46, 47).
Mediante esa parábola se estableció para siempre el deber del hombre para con su vecino. Debemos atender todo caso de sufrimiento y considerarnos como los agentes de Dios para aliviar a los necesitados hasta el máximo de nuestras posibilidades. Hemos de ser obreros junto con Dios. Hay quienes manifiestan gran afecto a sus familiares, a sus amigos y favoritos, pero no son considerados y bondadosos con los que necesitan tierna simpatía, los que necesitan bondad y amor…
Acércate a tus vecinos, uno por uno, hasta que sus corazones sean entibiados por tu interés y amor abnegados. Simpatiza con ellos, ora por ellos, busca oportunidades para hacerles el bien, y en cuanto puedas, reúne a algunos para abrir la Palabra de Dios ante sus mentes entenebrecidas. Vela como quien ha de rendir cuenta de las almas de los hombres, y aprovecha los privilegios que Dios te da de trabajar con él en su viña (Reflejemos a Jesús, p. 221).
Después de terminar la historia, Jesús fijó sus ojos en el doctor de la ley, con una mirada que parecía leer su alma, y dijo: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones?”
El doctor de la ley no quiso tomar, ni aun ahora, el nombre del samaritano en sus labios, y contestó: “El que usó con él de misericordia”. Jesús dijo: “Ve, y haz lo mismo”…
Mediante la historia del buen samaritano, Jesús pintó un cuadro de sí mismo y de su misión. El hombre había sido engañado, estropeado, robado y arruinado por Satanás, y abandonado para que pereciese; pero el Salvador se compadeció de nuestra condición desesperada. Dejó su gloria, para venir a redimirnos. Nos halló a punto de morir, y se hizo cargo de nuestro caso…
El samaritano había obedecido los dictados de un corazón bondadoso y amante, y con esto había dado pruebas de ser observador de la ley. Cristo le ordenó al doctor de la ley: “Ve, y haz tú lo mismo”. Se espera que los hijos de Dios hagan, y no meramente digan (El Deseado de todas las gentes, pp. 464, 465).
MIÉRCOLES, AGOSTO 21

El Rico Y Lázaro

En la parábola del rico y Lázaro (ver Luc. 16:19-31), Jesús contrasta la vida de dos hombres: uno rico y otro desesperadamente pobre. A falta de asistencia social, hospitales comunitarios o comedores populares, la práctica común era que los necesitados, discapacitados o desamparados mendigaran fuera de los hogares de los ricos. Se esperaba que los ricos fueran generosos al compartir un poco de su riqueza para aliviar el sufrimiento. Pero en esta historia, el joven rico “revelaba una egoísta indiferencia a las necesidades de su hermano doliente” (PVGM 205). En vida, las respectivas circunstancias de ambos personajes siguieron iguales; pero al morir, a juzgar por Dios, sus posiciones se invirtieron dramáticamente.
Compara Lucas 16:19 al 31 con Lucas 12:13 al 21. ¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre estas dos historias, y qué nos enseñan en conjunto?
No hay evidencias en ninguna de estas historias de que los hombres se hayan enriquecido haciendo algo malo. Quizá ambos trabajaron mucho, se administraron con cuidado y Dios los bendijo. Pero parece que algo salió mal en sus actitudes hacia la vida, Dios, el dinero y los demás, y esto tuvo un costo sustancial y eterno.
Partiendo de la imaginería popular de la vida en el más allá que existía en la época de Jesús, la historia del hombre rico y Lázaro enseña que las decisiones que tomamos en esta vida son importantes para la próxima. La forma en que respondemos a aquellos que buscan o necesitan nuestra ayuda es una manera de demostrar cuáles son nuestras decisiones y prioridades. Como “Abraham” le recuerda al aquejado hombre rico, la Biblia brinda una orientación más que adecuada para tomar la mejor decisión: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos” (Luc. 16:29).
Jesús enseñó que las tentaciones de la riqueza (tenerla, conservarla o amasarla) pueden alejarnos de su Reino y de los demás y acercarnos al egocentrismo y la autosuficiencia. Jesús nos llamó a buscar su Reino en primer lugar, y a compartir las bendiciones que recibimos con los que nos rodean, especialmente con los necesitados.
Sea cual fuere tu situación económica, ¿qué puedes hacer para evitar que el dinero, o el amor al dinero, distorsione tu perspectiva del énfasis que deberían demostrar los cristianos en la vida?


Comentarios Elena G.W

La parábola del hombre rico y Lázaro… presenta un contraste entre el rico que no ha hecho de Dios su sostén y el pobre que lo ha hecho. Cristo muestra que viene el tiempo en que será invertida la posición de las dos clases. Los que son pobres en los bienes de esta tierra, pero que confían en Dios y son pacientes en su sufrimiento, algún día serán exaltados por encima de los que ahora ocupan los puestos más elevados que puede dar el mundo, pero que no han rendido su vida a Dios…
Dios había hecho del rico un mayordomo de sus medios, y su deber era atender casos tales como el del mendigo. Se había dado el mandamiento: “Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder”, y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. [Deuteronomio 6:5; Levíticos 19:18] El rico era judío, y conocía este mandato de Dios. Pero se olvidó de que era responsable por el uso de esos medios y capacidades que se le habían confiado. Las bendiciones del Señor descansaban abundantemente sobre él, pero las empleaba egoístamente, para honrarse a sí mismo y no a su Hacedor (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 204, 205).
Somos testigos de Cristo y no debemos permitir que los intereses mundanos absorban nuestro tiempo y atención a tal punto que no tomemos en cuenta las cosas que Dios ha dicho que deben ocupar el primer lugar. Hay en juego intereses superiores. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. Mateo 6:33. Cristo se dio por entero a la obra que había venido a realizar, y él nos ha dicho: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24. “Y seáis así mis discípulos”. Juan 15:8.
Cristo se entregó voluntaria y gozosamente a la realización de la voluntad de Dios. Fue obediente hasta la muerte, y hasta la muerte en la cruz. ¿Deberíamos encontrar difícil negarnos a nosotros mismos? ¿Deberíamos apartarnos para no participar de sus sufrimientos? Su muerte debería conmover cada fibra de nuestro ser y disponernos a consagrar a su obra todo lo que poseemos y lo que somos. Al pensar en lo que él ha hecho por nosotros nuestros corazones deberían llenarse de amor.
Cuando los que conocen la verdad practiquen la abnegación ordenada en la Palabra de Dios, el mensaje se proclamará con poder. El Señor oirá nuestras oraciones en favor de la conversión de las almas. El pueblo de Dios dejará brillar su luz y los incrédulos al ver sus buenas obras, glorificarán a nuestro Padre celestial. Relacionémonos con Dios en términos de una obediencia manifestada con abnegación (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 316).
Jueves 22 de agosto | Lección 8 
UNO DE ESTOS MIS HERMANOS MÁS PEQUEÑOS
 Otra ocasión en que le hicieron una pregunta a Jesús y este dio una respuesta muy diferente a lo esperado, se encuentra en el sermón registrado en Mateo 24 y 25. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron sobre la destrucción del Templo de Jerusalén y el tiempo del regreso de Jesús (ver Mat. 24:1-3). La conclusión de la respuesta extendida de Jesús a esta pregunta hacía referencia a alimentar a los hambrientos, darles de beber a los sedientos, acoger a los forasteros, vestir a los desnudos, atender a los enfermos y visitar a los presos. Él les aseguró: “En cuanto lo hicisteis [o no lo hicisteis] a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (ver Mat. 25:40, 45). Esto está relacionado con las preguntas que dieron inicio a esta enseñanza como un retrato del juicio final. En todo Mateo 24, Jesús presentó respuestas más directas a las preguntas de los discípulos, dando señales y advertencias sobre la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo, pero enfatizó la necesidad de “velar” y vivir bien a la luz de la promesa de su segunda venida. En la primera parte de Mateo 25, la historia de las vírgenes prudentes e insensatas insiste en la necesidad de prepararse para un regreso inesperado o retrasado; la historia de los tres siervos presenta la necesidad de vivir bien y productivamente mientras esperamos. A continuación, la parábola de las ovejas y los cabritos es mucho más específica en cuanto a las tareas a las que debería abocarse el pueblo de Dios. Lee Mateo 25:31 al 46. ¿Qué nos dice Jesús aquí? ¿Por qué esto no es salvación por obras? ¿Qué enseñan sus palabras acerca de lo que realmente significa tener una fe salvadora? La declaración de Jesús, de que cuando servimos a los demás, le estamos sirviendo a él, debe transformar todas nuestras relaciones y actitudes. Imagínate si pudieras invitar a Jesús a comer, o visitarlo en el hospital o la cárcel. Jesús dijo que hacemos esto cuando ofrecemos ese servicio a la gente de nuestra comunidad. ¡Qué increíble oportunidad nos ofrece de esta manera! Lee con oración lo que dijo Jesús en estos versículos. ¿Cómo entendemos la idea de que él básicamente se haya comparado con los hambrientos, los desnudos, los presos? ¿Qué poderosa obligación nos impone esto en nuestro estilo de vida?
VIERNES, AGOSTO 23

Para Estudiar Y Meditar

Lee “El buen samaritano” y “Estos mis hermanos pequeñitos”, en El Deseado de todas las gentes, pp. 592-597; 460-466; y “Cómo se decide nuestro destino” y “La verdadera riqueza”, en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 310-321; 204-215.
“Cristo derribó la muralla de separación, la egolatría, el prejuicio divisor del nacionalismo, y enseñó a amar a toda la familia humana. Elevó a los hombres por encima del estrecho círculo que prescribía su egoísmo; abolió toda frontera territorial y toda distinción artificial de estratos sociales. Para él no había diferencia entre vecinos y extranjeros ni entre amigos y enemigos. Nos enseña a considerar a cada alma necesitada como nuestro prójimo y al mundo como nuestro campo de labor” (DMJ 38)
“La medida de la regla de oro es la verdadera norma del cristianismo; algo menor que esto es un engaño. Una religión que induce a los hombres a tener en poca estima a los seres humanos, a quienes Cristo consideró de tanto valor que dio su vida por ellos; una religión que nos haga indiferentes a las necesidades, los sufrimientos o los derechos humanos, es una religión espuria. Al despreciar los reclamos de los pobres, los dolientes y los pecadores, resultamos traidores a Cristo. El cristianismo tiene muy poco poder en el mundo porque los hombres asumen el nombre de Cristo pero niegan el carácter de Jesús en sus vidas” (DMJ 116, 117).
Preguntas para dialogar
1. De los pasajes estudiados esta semana, ¿cuál es tu preferido? ¿Por qué?
2. Fíjate en lo que escribió Elena de White sobre cómo una fe que “nos haga indiferentes a las necesidades, los sufrimientos o los derechos humanos, es una religión espuria”. ¿Por qué debemos tener cuidado de evitar la trampa fácil de pensar que porque tenemos la “verdad” (lo que es cierto), entonces no importa nada más?
3. Los versículos del estudio del jueves, ¿qué otra cosa nos muestran acerca de lo que implica tener la “verdad”?
Resumen: Las enseñanzas de Jesús establecen un estilo de vida diferente para quienes son ciudadanos y representantes del Reino de Dios. Sobre la base de las Escrituras del Antiguo Testamento, reflejó y amplió el énfasis del cuidado de los pobres y oprimidos, enfatizando que sus seguidores vivirán como un pueblo compasivo y misericordioso mientras espera su regreso.


Comentarios Elena G.W

El Deseado de todas las gentes, “El buen samaritano”, pp. 460-466.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Lección 8 para el sábado 23 de agosto (Uno De Estos Mis Hermanos Más Pequeños) auxiliar del maestro

Lección 10 para el sabado 06 de septiembre (De Qué Modo Vivir El Evangelio)

Lección 9 para el sábado 31 de agosto (El Servicio En La Iglesia Del Nuevo Testamento) auxiliar para maestros