Lección 6: Para el 10 de agosto de 2019 (ADORAD AL CREADOR)
Lección 6: Para el 10 de agosto de 2019
ADORAD AL CREADOR
Sábado 3 de agosto
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 115:1-8; Deuteronomio 10:17-22; Salmo 101:1; Isaías 1:10-17; 58; Marcos 12:38-40.
PARA MEMORIZAR:
“¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58:6, 7).
Hasta una lectura rápida de los profetas del Antiguo Testamento nos alerta sobre sus preocupaciones por el maltrato a los pobres y oprimidos. Los profetas, y el Dios en nombre de quien hablaban, estaban indignados por lo que veían que hacían las naciones circundantes (ver, p. ej., Amós 1-2). Pero también tenían un sentimiento especial de ira y dolor por los actos de iniquidad cometidos por el propio pueblo de Dios, que había recibido tantas bendiciones divinas. Este pueblo debería haber actuado mejor; pero no siempre fue así, y los profetas tuvieron mucho que decir sobre esta situación. También es interesante que muchas de las declaraciones sobre la justicia y la injusticia de los profetas del Antiguo Testamento se dan en el contexto de las instrucciones sobre la adoración. Como veremos, la verdadera adoración no es solo algo que ocurre durante un ritual religioso; también tiene que ver con llevar una vida que comparta las preocupaciones de Dios por el bienestar de los demás y que busque elevar a aquellos que han sido oprimidos y olvidados.
Comentarios Elena G.W
En el tiempo en que Isaías recibió esta amonestación la casa de Jacob aparentaba ser un pueblo muy celoso, que buscaba diariamente a Dios y se deleitaba en conocer sus caminos; pero en realidad estaba lleno de presuntuosa confianza propia. No caminaba en la verdad. No se practicaban la bondad, la misericordia y el amor. Entretanto que manifestaban apariencia de dolor por sus pecados, acariciaban el orgullo y la avaricia. Al mismo tiempo que hacían ostentación de humildad, exigían un duro trabajo de aquellos a quienes sojuzgaban o empleaban. Daban valor excesivo a todo lo bueno que habían hecho, pero menospreciaban en gran manera los servicios de otros. Despreciaban y oprimían al pobre. Y su ayuno solo les daba una opinión más elevada de su propia bondad.
Hoy día hay entre nosotros pecados de esta misma naturaleza, los cuales traen el reproche de Dios sobre su iglesia. Dondequiera que haya tales pecados, no hay duda de que se necesitan días de ayuno y oración; pero deben ser acompañados de sincero arrepentimiento y decidida reforma (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4., p. 1171).
En el ayuno que Dios ha escogido se pondrán en práctica misericordia, ternura y compasión. Se repudiará se repudiará la avaricia y habrá arrepentimiento del fraude y de la opresión y se renunciará a ellos. Se usarán toda la autoridad e influencia para ayudar a los pobres y oprimidos. Si esta fuera la condición del mundo, no existiría más el proverbio: “La verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir… Y el que se apartó del mal fue puesto en prisión (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4, pp. 1171, 1172).
Pocos tienen una noción exacta de lo que abarca la palabra cristiano. Es ser semejante a Cristo, es hacer el bien en favor de los demás, es estar desprovisto de egoísmo y que nuestras vidas estén marcadas por actos de desinteresada generosidad. El Redentor deposita las almas en los brazos de los miembros de la iglesia, para que las cuiden abnegadamente y las preparen para el Cielo, y para que de ese modo se conviertan en colaboradores suyos. Pero la iglesia demasiado a menudo los arroja al campo de batalla del diablo. Algún miembro de iglesia dice: “No es mi deber”, y se excusa con alguna trivialidad. “Bueno —dice otro—, tampoco es mi deber”, y por último no es deber de nadie y el alma queda abandonada para perecer. Es deber de todo cristiano dedicarse a esta empresa de abnegación y sacrificio …
La obra de todo hombre será probada y sometida a juicio, y cada cual será recompensado de acuerdo con sus obras. “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia”. Proverbios 3:9-10. “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” Isaías 58:6-7. Lean el versículo siguiente, y noten la rica recompensa prometida a los que hacen esto: “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto”. vers. 8. Aquí hay una promesa preciosa y abundante para todos los que se interesen en los casos de los necesitados (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 297).
Domingo 4 de agosto
IDOLATRÍA Y OPRESIÓN
Poco después de que Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto, se reunió con ellos en el Monte Sinaí y les dio los Diez Mandamientos en forma escrita, incluidos los dos primeros mandamientos acerca de no adorar a otros dioses y no hacerse ídolos (ver Éxodo 20:2-6).En respuesta, el pueblo prometió hacer todo lo que se les había ordenado y vivir como su pueblo (ver Éxodo 24:1-13).
Pero luego Moisés subió al monte por casi seis semanas y el pueblo comenzó a preguntarse qué había sido de él. Bajo la presión de la multitud, Aarón hizo un becerro de oro y condujo al pueblo a hacer sacrificios delante de él, después de lo cual “se sentó a comer y a beber, y comenzó a divertirse” (Éxo. 32:6, RVC).Tanto el Señor como Moisés se indignaron por la rapidez con que el pueblo se había alejado de Dios para adorar a los ídolos, y pareciera que la intercesión de Moisés fue lo único que salvó a Israel de su merecido castigo (ver Éxodo 32:30-34).
Sin embargo, la idolatría era una tentación en la que el pueblo de Dios caía muy a menudo. La historia de los reyes de Israel y Judá está jalonada por los períodos de idolatría, que incluyen los actos escandalosos que algunos de los reyes llevaron a su pueblo a cometer en la adoración de estos dioses. Esa infidelidad era el énfasis recurrente de los profetas que Dios envió para llamar al pueblo a volverse a él. A menudo, en medio de los llamados al reavivamiento y la reforma, también hubo llamados para un mejor trato hacia los pobres, los necesitados y los indefensos entre ellos.
Lee el Salmo 115:1 al 8. ¿Qué comentario importante hace el salmista?
La tendencia humana es asemejarnos a aquello que adoramos o en lo que nos enfocamos. Por lo tanto, era natural que la preocupación por los demás y por la justicia disminuyera cuando el pueblo de Dios dejaba de adorar a un Dios de justicia para adorar a los dioses falsos de las naciones circundantes, que a menudo se caracterizaban por estar relacionados con la guerra o la fertilidad. Al elegir a otros dioses, el pueblo cambiaba su actitud en muchas cosas, incluida la forma en que trataba a los demás. Si hubiera sido fiel al Señor, habría compartido su preocupación por los necesitados que lo rodeaban.
- Reflexiona en esta idea de asemejarnos a lo que adoramos. ¿Qué manifestaciones contemporáneas vemos de este principio?
Comentarios Elena G.W
No deseando conservar a Dios en su memoria, [los antediluvianos] no tardaron en negar su existencia. Adoraban a la naturaleza en lugar de rendir culto al Dios de la naturaleza… Bosques extensos, que conservaban su follaje siempre verde, eran dedicados al culto de dioses falsos… Los hombres eliminaron a Dios de su mente, y adoraron las creaciones de su propia imaginación; y como consecuencia, se degradaron más y más…
El hombre no se elevará más allá de sus conceptos acerca de la verdad, la pureza y la santidad. Si el espíritu no sube nunca más arriba que el nivel humano, si no se eleva mediante la fe para comprender la sabiduría y el amor infinitos, el hombre irá hundiéndose cada vez más. Los adoradores de falsos dioses revestían a sus deidades de cualidades y pasiones humanas, y rebajaban así sus normas de carácter a la semejanza de la humanidad pecaminosa (Conflicto y valor, p. 32).
A pesar del favor que Dios les mostró a los hebreos, por causa de su anhelo vehemente de los placeres dejados en Egipto y de su pecado y rebelión, los juicios de Dios cayeron sobre ellos. Y el apóstol instó a los creyentes corintios a prestar oídos a la lección contenida en la historia de Israel. “Empero estas cosas fueron en figura de nosotros —declaró—, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”. Mostró cómo el amor a la comodidad y al placer los había predispuesto para cometer los pecados que provocaron la manifiesta venganza de Dios. Fué al sentarse los hijos de Israel a comer y a beber, y al levantarse a jugar, cuando abandonaron el temor de Dios, que habían sentido al escuchar la proclamación de la ley; y, haciendo un becerro de oro para representar a Dios, lo adoraron. Y fue después de un festín voluptuoso relacionado con el culto de Baal-peor, cuando muchos de los hebreos cayeron en la licencia (_Los hechos de los apóstoles, _p. 254).
En lugar de la justicia y perfección del Dios infinito que es el verdadero objeto de la adoración; en lugar de la justicia perfecta de la ley, que es el verdadero modelo de la perfección humana, Satanás ha colocado la naturaleza pecadora del hombre sujeto al error, como único objeto de adoración, única regla del juicio o modelo del carácter. Eso no es progreso, sino retroceso.
Hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa. Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar. Jamás se elevará el hombre a mayor altura que a la de su ideal de pureza, de bondad o de verdad. Si se considera a sí mismo como el ideal más sublime, jamás llegará a cosa más exaltada… Solo la gracia de Dios puede elevar al hombre. Si depende de sus propios recursos, su conducta empeorará inevitablemente (El conflicto de los siglos, pp. 542, 543).
Lección 6 | Lunes 5 de agosto
UNA RAZÓN PARA ADORAR
A lo largo de toda la Biblia, se insta al pueblo de Dios a adorar a Dios, pero muchas veces también se nos ofrecen razones para hacerlo. Se nos dice que lo adoremos por lo que es, por lo que ha hecho y por sus tantos atributos. Entre estos están su bondad, justicia y misericordia. Cuando se nos recuerda cómo es Dios, lo que hizo por nosotros (especialmente en la cruz de Cristo) y lo que promete hacer, a nadie deberían faltarle motivos para adorar y alabar a Dios.
Lee Deuteronomio 10:17 al 22; Salmo 101:1; 146:5 al 10; e Isaías 5:16; y 61:11. ¿Cuáles son las motivaciones para adorar y alabar a Dios en estos versículos?
Esas razones para adorar no eran nuevas para el pueblo de Dios. Algunos de los momentos de adoración más entusiastas de los israelitas recién liberados se dieron en respuesta a la obvia intervención de Dios en su favor. Por ejemplo, después de salir de Egipto y cruzar el Mar Rojo, Moisés y María dirigieron al pueblo con cánticos de alabanza a Dios por lo que acababan de ver y por haber sido rescatados (ver Éxodo 15).
La justicia y la misericordia de Dios, según se revelan en tales acontecimientos, no debieran olvidarse. Mientras el pueblo conservaba vivas estas historias al volver a contarlas regularmente, los actos y la justicia de Dios seguían siendo una inspiración para su adoración años más tarde y en generaciones posteriores. Un ejemplo de volver a relatar y adorar se registra en Deuteronomio 10:17 al 22.
En primer lugar, la justicia de Dios simplemente es parte de su ser, un componente central de su carácter esencial. “¡Ni pensar que Dios cometa injusticias! ¡El Todopoderoso no pervierte el derecho!” (Job 34:12, NVI). Dios es justo y se preocupa por la justicia, y esa es una razón para adorarlo y alabarlo.
En segundo lugar, la justicia de Dios se refleja en sus actos justos y rectos en favor de su pueblo y de todos los pobres y oprimidos. Su justicia nunca es meramente una descripción de su carácter. Más bien, la Biblia retrata a un Dios que “oye el clamor de los necesitados” (Job 34:28) y está activo y ansioso por corregir los errores que son tan obvios en nuestro mundo. Finalmente, esto se cumplirá plenamente en el juicio final de Dios y en el mundo renovado.
Si el antiguo Israel tenía razones para alabar al Señor, ¿cuántas más razones tenemos nosotros, después de la Cruz?
Comentarios Elena G.W
El deber de adorar a Dios estriba en la circunstancia de que él es el Creador, y que a él es a quien todos los demás seres deben su existencia. Y cada vez que la Biblia presenta el derecho de Jehová a nuestra reverencia y adoración con preferencia a los dioses de los paganos, menciona las pruebas de su poder creador. “Todos los dioses de los pueblos son ídolos; mas Jehová hizo los cielos”. Salmos 96:5… Y los santos que adoran a Dios en el cielo dan como razón del homenaje que le deben: “¡Digno eres tú, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas!” Apocalipsis 4:11 (El conflicto de los siglos, p. 432).
Necesitamos alabar más a Dios por su “misericordia” “y sus maravillas para con los hijos de los hombres” [Salmo 107:8]. Nuestros ejercicios de devoción no deben consistir enteramente en pedir y recibir. No estemos pensando siempre en nuestras necesidades y nunca en los beneficios que recibimos. No oramos nunca demasiado, pero somos muy parcos en dar gracias. Constantemente estamos recibiendo las misericordias de Dios y, sin embargo, ¡cuán poca gratitud expresamos! ¡cuán poco le alabamos por lo que ha hecho en nuestro favor!…
Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no debe mirarse como una cosa que entristece, como un ejercicio que desagrada. Debe ser un placer adorar al Señor y participar en su obra. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporcionó una salvación tan grande, obren como si él fuera un amo duro y exigente. Él es nuestro mejor amigo; y cuando le adoramos quiere estar con nosotros, para bendecirnos y confortarnos llenando nuestro corazón de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos hallen consuelo en servirle y más placer que fatiga en su obra. Él quiere que quienes vengan a adorarle se lleven pensamientos preciosos acerca de su amor y cuidado (El camino a Cristo, p. 103).
La gracia de Cristo no se limita a unos pocos. El mensaje de misericordia y perdón traído del cielo por Cristo había de ser oído por todos. Nuestro Salvador dice: “Yo soy la luz del mundo”. Juan 8:12. Sus bendiciones son universales y llegan a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. Cristo vino para derribar toda muralla de separación…
Mediante diversos conductos los mensajeros celestiales están en activa comunicación con las diversas partes del mundo; y cuando el hombre clama al Señor de verdad y con fervor, Dios se muestra como quien se inclina desde su trono en las alturas. Escucha todo clamor y responde: “Heme aquí”. Levanta al afligido y oprimido. Confiere sus bendiciones sobre buenos y malos…
Conocer a Dios es el conocimiento más admirable que pueda alcanzar el hombre. Hay mucha sabiduría en los mundanos; pero con toda sabiduría, no contemplan la belleza y majestad, la justicia y sabiduría, la bondad y santidad del Creador de todos los mundos (A fin de conocerle, pp. 98, 99).
Lección 6 Martes 6 de agosto
OPRESORES RELIGIOSOS
Durante las mejores épocas de los reinos de Israel y Judá, el pueblo acudía al Templo a alabar a Dios, aunque incluso en ese entonces, su adoración a menudo se mezclaba con las incursiones de la idolatría y las religiones de las naciones vecinas. Pero según los profetas, incluso sus mejores intentos religiosos no eran suficientes para alejarlos de los males perpetrados en la tierra en su vida diaria. Y sin importar cuánto se esforzaran por ser religiosos mediante sus rituales de adoración, la música de sus himnos no podía ahogar el clamor de los pobres y los oprimidos.
Amós describió al pueblo de su época como “los que explotan a los menesterosos y dejan en la ruina a los pobres de la tierra” (Amós 8:4, RVC). Él percibió cuánto deseaban acabar con sus rituales para poder volver a abrir el mercado y seguir con sus negocios deshonestos para “comprar a los pobres por dinero, y a los necesitados a cambio de un par de zapatos” (Amós 8:6, RVC).
Lee Isaías 1:10 al 17; Amós 5:21 y 24; y Miqueas 6:6 al 8. ¿Qué les estaba diciendo el Señor a estos religiosos sobre sus rituales?
A través de sus profetas, Dios utiliza un lenguaje fuerte para ridiculizar la religión y la adoración que están desconectadas y que contrastan con el sufrimiento y la opresión de quienes los rodean. En Amós 5:21 al 24 (NVI), leemos que Dios dice que “detesta”, “aborrece” su adoración y generalmente está disgustado con ella. No le agradan sus reuniones, y descarta sus ofrendas y su música por ser inservibles.
En Miqueas 6, vemos una serie de sugerencias cada vez más exageradas, hasta burlonas, sobre cómo pueden adorar a Dios de manera más apropiada. El profeta ofrece en tono burlón la sugerencia de holocaustos, luego aumenta la oferta a “millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite” (Miq. 6:7) antes de llegar al terrible (aunque conocido) extremo de sugerir sacrificar al hijo primogénito para granjearse el favor y el perdón de Dios.
Sin embargo, en definitiva lo que el Señor realmente pedía era “solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miq. 6:8).
¿Alguna vez te sentiste culpable por estar más preocupado por las formas y los rituales religiosos que por ayudar a los necesitados? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
Comentarios Elena G.W
Todos los que pretenden ser hijos de Dios deben recordar el hecho de que hay un Vigilante en cada transacción comercial que registra cada acto y hecho de los que participan en la transacción y que ese registro permanecerá como está escrito hasta el gran día cuando cada hombre recibirá de acuerdo con las obras que haya hecho, a menos que se haya arrepentido de sus yerros y estos hayan sido borrados. Entonces se pagará de acuerdo con cada injusticia hecha a un santo o a un pecador. Cristo identifica sus intereses con todas las aflicciones de su pueblo. Dios castigará a los que opriman a la viuda o al huérfano o que los despojen de alguna manera (El ministerio de la bondad, p. 229).
Necesitamos ser santificados por el Espíritu Santo cada hora del día para que no seamos entrampados por el enemigo y nuestras almas sean puestas en peligro. Tenemos la tentación constante de exaltar el yo y debemos extremar nuestra vigilancia contra este mal. Debemos vigilar continuamente para que no manifestemos un espíritu dominante, de crítica y de condenación. Debemos tratar de evitar la misma apariencia del mal y no mostrar nada que se parezca a los atributos de Satanás, nada que desaliente a aquellos con quienes nos relacionamos. Debemos trabajar como Cristo: atraer, edificar, no derribar. Es natural para algunos ser rígidos y dictatoriales y gobernar despóticamente la herencia de Dios; y debido a la manifestación de estos atributos, almas preciosas se han perdido para la causa. Los hombres han manifestado esta característica desagradable porque no han estado vinculados con Dios (Testimonios para los ministros, p. 223).
La persecución que se está realizando entre miembros de iglesia es una cosa muy terrible. Es cierto que algunos han cometido errores y equivocaciones, pero es igualmente cierto que esos errores y equivocaciones están muy lejos de ser tan ofensivos a la vista de Dios como el espíritu duro y no perdonador de aquellos que los critican y censuran. Muchos de los que no vacilan en abrir juicio sobre otros, están cometiendo errores que, aunque no se hacen manifiestos, llevan la mancha de una maldad mortífera que está corrompiendo su vida espiritual.
Dios quiere abrir los ojos de sus hijos profesos a fin de que vean que deben amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos si quieren ser salvos en su reino. Muchos están dejando ver que no son guiados por el Espíritu de Cristo sino por otro espíritu. Los atributos que ostentan difieren tanto de los atributos de Cristo como las características satánicas… Los hermanos deben manifestar el mismo espíritu revelado por nuestro misericordioso y fiel Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. Podemos insuflar nueva vida a los que desfallecen y se hallan sin esperanza. Podemos conseguir victorias que nuestras opiniones erróneas, nuestros propios defectos de carácter, nuestra poca fe, han hecho parecer imposibles_ _(Testimonios para los ministros, pp. 185, 186).
Lección 6 | Miércoles 7 de agosto
UNA FORMA DE ADORAR
En su explicación de la relación entre la adoración y la justicia, hay otro paso que promueven los profetas: que interesarnos activamente en aliviar a los pobres y oprimidos y ayudar a los necesitados es una parte importante de la adoración en sí. Isaías 58 es un capítulo que pone de manifiesto esta conexión.
Lee Isaías 58. ¿Qué falló en la relación entre Dios y su pueblo según se describe en la primera parte de este capítulo?
Como vimos anteriormente, esta crítica está dirigida a gente que es activamente religiosa. Al parecer, busca sinceramente a Dios, pero por lo visto eso no está dando resultado. Por lo tanto, Dios dice que deberían tratar de cambiar la forma de adorar y probar una manera diferente de servir a Dios. Si Dios tuviese que elegir la forma de adorar, sería “desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo” (Isa. 58:6). También alimentar a los hambrientos, cobijar a los sin techo y ayudar a los necesitados.
Esas actividades no se presentan como la única forma de adorar, pero Dios las recomienda como una forma de adoración que podría ser más deseable que algunas de las prácticas de adoración más tradicionales del pueblo. Por ende, la adoración no solo se centra en el adorador, sino también es una bendición para todos los que rodean a los adoradores de Dios. “El verdadero propósito de la religión es liberar a los hombres de su carga de pecado, eliminar la intolerancia y la opresión, y promover la justicia, la libertad y la paz” (CBA 4:344).
En Isaías 58:8 al 12, Dios promete bendiciones en respuesta a esta forma de adoración. En efecto, Dios está diciendo que si la gente estuviera menos enfocada en sí misma, descubriría que Dios está obrando en ella y a través de ella para dar sanidad y restauración.
Curiosamente, este capítulo también conecta esta clase de adoración con una renovación de la observancia del sábado llena de “delicia”. Ya hemos considerado en parte la estrecha relación entre el sábado y el servicio, pero estos versículos incluyen ambas actividades en el llamado a que el pueblo revitalice su adoración y descubra la bendición de Dios. Al reflexionar en estos versículos, Elena de White comentó: “Sobre quienes guardan el sábado del Señor descansa la responsabilidad de hacer una obra de misericordia y benevolencia” (MB 125).
Comentarios Elena G.W
Si tenéis el Espíritu de Cristo, os amaréis como hermanos; honraréis al discípulo más humilde en su pobre hogar, porque Dios lo ama tanto como os ama a vosotros, y aun puede ser más. Él no reconoce diferencia de clases. Coloca su sello sobre los hombres, no por su posición, no por su riqueza, no por su grandeza intelectual, sino por su unidad con Cristo. Es la pureza de corazón, la unidad de propósito, lo que constituye el verdadero valor de los seres humanos…
El Salvador no fue encontrado entre los exaltados y los honorables del mundo. No pasó su tiempo entre aquellos que buscaban lo fácil y el placer. Anduvo haciendo bien. Su obra consistió en ayudar a aquellos que necesitaban ayuda, en salvar a los perdidos y a los que perecían, en elevar a los caídos, en romper el yugo de la opresión de aquellos que estaban en esclavitud, en sanar a los afligidos, en hablar palabras de simpatía y consuelo a los que sufrían y estaban angustiados. Se nos pide que copiemos este modelo. Levantémonos y pongámonos a trabajar, procurando bendecir al necesitado y confortar al angustiado. Cuanto más participemos del Espíritu de Cristo, tanto más veremos qué podemos hacer por nuestros semejantes. Estaremos llenos de amor por las almas que perecen, y encontraremos nuestra delicia en las pisadas de la Majestad del cielo (Nuestra elevada vocación, p. 182).
La religión pura e inmaculada nos conduce a vivir tan sencillamente como niños. Queremos orar y hablar con humildad, buscando solo la gloria de Dios. Se ha manifestado demasiado una forma de piedad carente de poder. El derramamiento del Espíritu de Dios nos conducirá hacia un agradecido reconocimiento; y mientras percibimos el maravilloso amor de Dios, no nos quedaremos quietos, sino que ofreceremos a Dios un sacrificio de agradecimiento y haremos canción a su nombre con nuestros corazones y voces. Pongamos nuestros pies sobre la Roca de la eternidad, y allí obtendremos apoyo y consuelo permanentes. Nuestras almas descansarán en Dios con una confianza inconmovible (Reflejemos a Jesús, p. 343).
El alma que responda a la gracia de Dios será como un jardín regado. Su salud brotará rápidamente; su luz saldrá en la obscuridad, y la gloria del Señor le acompañará. Recordemos, pues, la bondad del Señor, y la multitud de sus tiernas misericordias. Como el pueblo de Israel, levantemos nuestras piedras de testimonio, e inscribamos sobre ellas la preciosa historia de lo que Dios ha hecho por nosotros. Y mientras repasemos su trato con nosotros en nuestra peregrinación, declaremos, con corazones conmovidos por la gratitud: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salud, e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo” Salmos 116:12-14.
Lección 6 Jueves 8 de agosto
MISERICORDIA Y FIDELIDAD
Cuando Jesús fue confrontado por algunos de los líderes religiosos de su época que lo criticaban por comer con “pecadores”, citó al profeta Oseas, y les dijo que vuelvan a sus libros y aprendan lo que Dios realmente quiso decir con: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mat. 9:13; citando Ose. 6:6). Como veremos, Jesús llevó una vida de asistencia y servicio. Sus interacciones con los demás, sus milagros sanadores y muchas de sus parábolas demostraron que esa forma de vivir era la mejor manera de expresar verdadera devoción a Dios. Los dirigentes religiosos fueron sus mayores críticos, pero también fueron el blanco de sus críticas más duras. Al igual que los religiosos de los días de Isaías, creían que tenían asegurada su relación especial con Dios a causa de sus prácticas religiosas, mientras que al mismo tiempo explotaban a los pobres e ignoraban a los necesitados. Su adoración desentonaba con sus hechos, y Jesús no tuvo reparos al condenar esa hipocresía.
Lee Marcos 12:38 al 40. El comentario de Jesús de que “devoran las casas de las viudas”, ¿parece fuera de lugar en esta lista, o es el aspecto que Jesús está tratando de señalar? ¿Por qué “estos recibirán mayor condenación”?
Quizá el sermón más aterrador de Jesús, especialmente para los religiosos, es el que se encuentra en Mateo 23. Jesús no solo puntualizó que la religión de ellos no ayudaba a los menos privilegiados en la vida, sino también que consideraba que esa religión les aumentaba las cargas. Por sus actos o, a veces, por su falta de acción y preocupación, Jesús dijo: “Cerráis el reino de los cielos delante de los hombres” (Mat. 23:13).
Pero haciéndose eco de los profetas de siglos anteriores, Jesús también abordó directamente la brecha entre sus prácticas religiosas solemnes y las injusticias que toleraban y de las que se aprovechaban. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe” (Mat. 23:23). Jesús se apresuró a agregar que las prácticas y observancias religiosas en sí no son malas, pero no deben reemplazar el trato justo a los demás.
¿Cómo podemos evitar la trampa de pensar que nos alcanza con tener y conocer la verdad?
Comentarios Elena G.W
“¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” preguntaron los envidiosos rabinos.
Jesús no esperó que sus discípulos contestasen la acusación, sino que él mismo replicó: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento”. Los fariseos pretendían ser espiritualmente sanos, y por lo tanto no tener necesidad de médico, mientras que consideraban que los publicanos y los gentiles estaban pereciendo por las enfermedades del alma. ¿No consistía, pues, su obra como médico en ir a la clase que necesitaba su ayuda?
Pero aunque los fariseos tenían tan alto concepto de sí mismos, estaban realmente en peor condición que aquellos a quienes despreciaban. Los publicanos tenían menos fanatismo y suficiencia propia, y así eran más susceptibles a la influencia de la verdad. Jesús dijo a los rabinos: “Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Así demostró que mientras aseveraban exponer la Palabra de Dios, ignoraban completamente su espíritu (El Deseado de todas las gentes, pp. 240, 241).
Los fariseos ejercían gran influencia sobre la gente, y la aprovechaban para servir sus propios intereses. Conquistaban la confianza de viudas piadosas, y les indicaban que era su deber dedicar su propiedad a fines religiosos. Habiendo conseguido el dominio de su dinero, los astutos maquinadores lo empleaban para su propio beneficio. Para cubrir su falta de honradez, ofrecían largas oraciones en público y hacían gran ostentación de piedad, Cristo declaró que esta hipocresía les atraería mayor condenación. La misma reprensión cae sobre muchos que en nuestro tiempo hacen alta profesión de piedad. Su vida está manchada de egoísmo y avaricia, pero arrojan sobre ella un manto de aparente pureza, y así por un tiempo engañan a sus semejantes, Pero no pueden engañar a Dios. Él lee todo propósito del corazón, y juzgará a cada uno según sus obras (El Deseado de todas las gentes, p. 565).
Una religión fría y legalista nunca puede conducir las almas a Cristo, pues es una religión sin amor y sin Cristo. Cuando el ayuno y la oración se practican con un espíritu de justicia propia, esto resulta algo abominable para Dios… La única gran ofrenda que ha sido hecha es amplia para todos los que crean. El amor de Cristo animará al creyente con nueva vida. El que bebe del agua de la fuente de la vida, estará lleno con el vino nuevo del reino. La fe en Cristo será el medio por el cual el espíritu y los motivos correctos moverán al creyente, y toda bondad e inclinación celestial procederán de aquel que contempla a Jesús, el autor y consumador de su fe. Confiad en Dios, no en los hombres. Dios es vuestro Padre celestial que está dispuesto a sobrellevar pacientemente vuestras debilidades, y a perdonarlas y curarlas. “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3 (Mensajes selectos, t. 1, p. 454).
Lección 6 | Viernes 9 de agosto
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR
Lee “Isaías 58: un precepto divino”, en El ministerio de la bondad, pp. 33- 38; y “Ayes sobre los fariseos”, en El Deseado de todas las gentes, pp. 562-573.
“Al insistir en el valor de la piedad práctica, el profeta estaba solamente repitiendo el consejo dado a Israel siglos antes. [...] De siglo en siglo estos consejos fueron repetidos por los siervos de Jehová a los que estaban en peligro de caer en hábitos de formalismo, y de olvidarse de practicar la misericordia” (PR 241).
“He sido instruida para llamar la atención de nuestro pueblo a Isaías 58. Lean este capítulo cuidadosamente y comprendan la clase de obra que llevará vida a las iglesias. La obra del evangelio debe ser llevada por medio de nuestra liberalidad tanto como por nuestras labores. Cuando encuentren almas dolientes que necesitan ayuda, dénsela. Cuando encuentren a quienes están hambrientos, aliméntenlos. Al hacer esto, estarán trabajando así como trabajó Cristo. La santa obra del Maestro fue un trabajo de misericordia. Anímese a nuestro pueblo en todas partes a participar en ella” (MB 33).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Alguna vez has pensado que hacer justicia y amar misericordia son actos de adoración? Estas cualidades, ¿cómo podrían cambiar tu enfoque para cuidar a los demás? ¿Cómo podrían cambiar tu forma de adorar?
- ¿Cómo podemos evitar descuidar “lo más importante de la ley” (Mat. 23:23) en nuestra vida cristiana, en forma individual y como comunidad eclesiástica? ¿Puedes reconocer algunos ejemplos de tu experiencia en los que podrías haber colado el mosquito, pero haberte tragado el camello (Mat. 23:24)?
- ¿Por qué se considera que la hipocresía es un pecado tan grande? ¿No es mejor que al menos tratemos de mostrar que estamos obrando bien?
- La visión y la pasión de Dios por los pobres y necesitados, según lo expresan los profetas, ¿cómo cambian la forma en que ves el mundo? ¿Podrías leer o escuchar tus noticias locales de una manera diferente si vieras y escucharas con los ojos y los oídos de un profeta?
Resumen: Si bien los profetas estaban preocupados por el mal de la nación, se enfocaban especialmente en la maldad cometida por los que reclamaban y adoraban a Dios como propio. Para los profetas y para Jesús, la adoración es incompatible con la injusticia, y una religión así es hipócrita. La verdadera adoración que Dios desea incluye luchar contra la opresión y atender a los pobres y necesitados.

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